La adicción ha ido evolucionando en su concepto con el transcurso del tiempo, siendo definida desde una perspectiva conductual, desde la que el comportamiento está influido por el ambiente en el que se desarrolla la persona, apostando porque esta fuese un trastorno del comportamiento.

En la actualidad, podemos definirla como una enfermedad primaria (que aparece sin una advertencia previa) y crónica, que afecta al cerebro y está constituida por un conjunto de signos y síntomas característicos. Podemos añadir que esta es una enfermedad frecuentemente progresiva y fatal dada su persistencia en el tiempo. Los cambios físicos, emocionales y sociales son en su mayoría acumulativos y progresan mientras el uso continúa.

El objetivo de este post no es definir conceptos, sino poder transmitiros un poco de nuestro día a día como terapeutas sensibilizados en una comunidad de mujeres con problemas de adicción. Poder haceros llegar cómo se convive con mujeres con las que no se plantea otra opción que salir de “La Muela”, saltando un km0, entre aplausos y con una nueva realidad por delante que empieza y termina por llamarse “alta terapéutica”.

“La Muela” es un recurso residencial en el que un equipo multidisciplinar acompaña a sus pacientes en la rehabilitación y habilitación necesaria para que se produzca el cambio. Es el único recurso como comunidad terapéutica, a nivel autonómico, en el que trabajamos específicamente con mujeres con problemas de adicción; con supervivientes de violencia de género, con madres o hijas sin un rol adaptativo, con dependientes emocionales sin conciencia de ello a tiempo o con familias esperanzadas en que esta pueda ser la solución a un problema que cada día las aleja más de la felicidad.

MUJERES vistas desde una perspectiva sin juicios, sin etiquetas, solamente desde una perspectiva que tiene género y que diariamente nos hace adaptarnos a él.

La perspectiva de género es el concepto que se cuela en nuestro trabajo, en nuestra forma de entender el tratamiento, en nuestra forma de entender a las mujeres y afortunadamente en nuestra forma de ver la vida.

La perspectiva de género es una impertinente que a diario sale a la palestra, entrometiéndose en todo, nos hace incomodarnos, nos hace desordenarnos, nos hace cuestionarnos, nos hace no creer en lo preestablecido y dudar, nos hace pensar que los problemas pueden mutar y no desaparecer.

Y también nos hace crecer como profesionales y tomar conciencia de todo lo que aún hay por hacer. Nos hace no quitarnos a diario las gafas violetas, sino usarlas y graduarlas para dar visibilidad a los detalles, esas pequeñas cosas que marcan la diferencia y tienen el poder de ser revolucionarias. Las gafas violetas que nos guían en el tratamiento de una mujer con problemas de adicción y nos hacen luchar junto a ellas porque consigan su meta, propósito o sueño: Tener una vida. Nos hace creer en lo que hacemos y disfrutar junto a ellas de los frutos de su esfuerzo.

Siempre alumbrada por la linterna del feminismo, día a día, la perspectiva nos enseña su género.

Lola Jiménez Domínguez,

Directora de la CT La Muela