En un encuentro entre un grupo de pacientes y los padres de uno de ellos, éste creía estar descubriendo a sus padres las tretas que empleaba para compaginar el tratamiento de METADONA con la ingesta de hipnóticos para aturdirse, o sea, para él, colocarse.

 Papá no reaccionó pero mamá sacó las uñas y se las clavó orgullosa en los riñones al hijo, órganos que, en la antigüedad se consideraban la sede de las bajas pasiones y los bajos instintos.
Mamá le contestaba, no José Luis, no era metadona lo que tomabas, sino ORALDINE para la higiene bucal, que previamente yo había substituido, y las pastillas de ROHIPNOL que creías ingerir, no eran tales, sino PANFUNGOL, para los hongos, cuidadosamente puesto en su lugar; y tú te colocabas con eso creyendo que tomabas lo otro, descubrí el escondite pero no te lo dije, preferí cambiar las pastillas para evitar al menos que te siguieras haciendo daño físicamente.

Es que, ahora no habla la madre sino yo, son ellas las que saben más de los hijos, de su evolución, como si sólo a ellas se les hubiera encomendado su formación y su cuidado

Nuestro protagonista se descubrió a sí mismo como el burlador burlado y como él, son muchos los que se creen los más habilidosos y listos, los que dominan la situación hasta que descubren que aunque así fuera por algún tiempo, al final la propia situación les puede, sin percibir que en la relación con las drogas se pasa de dominador a dominado en poco tiempo, aunque algunos sigan fardando de espabilados.