Querido Vado de los Bueyes:

Soy Pedro, y en este día solo espero que os acordéis de mí, igual que yo me acuerdo de vosotros. Hoy día 2 de diciembre hace un año que os conocí a todos, hace un año que entré al Vado, y no os diré que fuese fácil, porque no lo fue, llevaba un problema demasiado grande de adicción y de un día para otro entrar en comunidad, privado de salir, del contacto con la familia, con la incertidumbre de qué pasará fuera…y reconozco que los comienzos fueron duros, a veces quería abandonar… pero allí estabais vosotros, todos y cada uno de los componentes del Vado.

No puedo ni quiero olvidar a ninguno de vosotros, todos los tutores, especialmente Luis que era el mío y que me escuchó, me apoyó y me dijo las cosas tal y como eran, aunque a mí me doliera, a los trabajadores como Gabi, Pablo… Francisco que fue al primero que conocí, que fue el que me llevó hasta el Vado y con el que tuve muchas conversaciones, las cocineras que tuvieron que aguantarme por ser tan delicado, aunque gracias a ellas aprendí a comer de todo. A las psicólogas, especialmente a Mónica que fue la mía, que me hizo abrir los ojos, que me ayudó, me aconsejó y me dijo las cosas tal y como eran siempre, que me ¨daba¨ donde más me dolía y que más tarde me di cuenta de que era por mi bien, me ayudó a sacar todo lo que tenía dentro para comenzar de cero, para curarme y ser quien soy hoy en día.

Gracias por cada terapia que estando allí muchas veces me parecían tonterías, cosas inútiles, que con el tiempo aprendí que eran cosas importantes, que me han servido y que a día de hoy me siguen sirviendo. Gracias por el trato siempre a mi familia, porque allí ¨entramos todos¨, aunque estuviera solo allí, mi familia también lo sufría fuera. El trato a ellos según me contaron fue excepcional, siempre estuvieron al tanto de mi estado y de mi evolución, con palabras de ánimo y de cariño, especialmente de Mónica a mi mujer, que cada viernes cuando hablaban le hablaba con cariño, y la animaba siempre. Gracias de parte de ella y de mi hija por vuestro trato en su visita, ya que nos tratasteis como a una verdadera familia.

No quiero que olvidéis que fue durísimo para mí no poder despedirme de vosotros, ya que salí para el confinamiento y en mayo me dieron el alta. ¡Me debéis mi tarta! Jaja y espero y deseo volver pronto para veros a todos, agradeceros en persona tanto, y saltar mi km 0, que es una espinita que tengo clavada.

Gracias también a todos los que me cogéis el teléfono cuando llamo al Vado para saber de vosotros, me alegra saber que estáis bien y que os acordáis de mí.

¡Prometí al entrar que esa vida había acabado y lo he conseguido, a día de hoy puedo decir que estoy curado, estoy trabajando, que soy feliz con mi familia y que tengo ganas de vivir!

GRACIAS DE CORAZÓN POR COMO OS PORTÁSTEIS CONMIGO EN LAS BUENAS, PERO SOBRE TODO EN LAS MALAS, ¡Eso no se olvida nunca!

Os llevaré siempre en mi corazón.

 

Pedro.