Sí, Educadora social…

Quiero comenzar a leeros dos citas de un gran pedagogo y filósofo, Paulo Freire, que dice así… Enseñar… “enseñar, no como un burócrata de la mente, sino reconstruyendo los caminos de su curiosidad, razón por la que su cuerpo consciente, sensible, emocionado, se abre a las adivinaciones de las personas, a su ingenuidad y a su criticidad, el/la educador/a tiene un momento rico de su aprender en el acto de enseñar. El/la educador/a aprende primero a enseñar, pero también aprende a enseñar al enseñar algo que es re-aprendido por estar siendo enseñado, sin lo cual no aprende, el/la educador/a se ayuda a descubrir dudas, aciertos y errores”. “El aprendizaje del educador/a, al enseñar, no se da necesariamente a través de la rectificación de los errores que comete el aprendiz. El aprendizaje del educador/a al educar se verifica en la medida en que éste, humilde y abierto, se encuentre permanentemente disponible para repensar lo pensado, para revisar sus posiciones; se percibe en cómo busca involucrarse con la curiosidad de la persona y los diferentes caminos y senderos que ésta lo hace recorrer…”. Trabajar al lado de las personas, es cierto que, supone enfrentarte a situaciones difíciles y complejas, porque trabajas con la más puro y esencial de estas, así como lo es también, que te lleva a una situación de satisfacción personal y profesional indescriptible, que tan sólo los que trabajamos en el ámbito de lo social, tenemos la suerte de vivirlo día a día. Esta profesión te enseña a diario y de forma constante, muchísimas cosas, así como te permite vivir otras tantos. De todo ello, destacaría por ejemplo…

– El hecho de que mi profesión, me ha ayudado a entender una cosa que puede parecer obvia, pero que en la práctica (esa empatía, asertividad, comprensión, etc.), no es tan evidente; y es que todas las personas funcionamos de maneras diferentes. Priorizamos cosas muy dispares, pensamos de manera muy diversa… y eso es fundamental a la hora de ejercer este trabajo porque, en la diversidad, hay que descubrir que está la mayor riqueza a todos los niveles de la persona.

– El vínculo permanente que se forja con personas como herramienta de trabajo no tienen la suerte todas las ocupaciones de tenerlo. Y menos, con el nivel de intensidad que requiere éste. Y este aspecto, es uno de los que más adoro de mi profesión. Disfrutar de todo aquello que nos aportamos mutuamente, porque no debemos olvidar nunca, que antes que todo somos personas, y somos personas sociales, con necesidad de relación con el otro.

– También es emocionante, acompañar a las personas a que sean conscientes del poder de su vida, de su propio yo, de su capacidad y derecho de decidir sobre sí mismas, de su potencial, de la posibilidad propia e indiscutible de vivir una historia con la máxima plenitud posible, siendo cada una dueña indiscutible de ello.

– Y por último, es maravilloso poder crecer, desarrollarse, reconvertirse, reinventarse, reaprender, aprender, etc., es decir, todo lo que conlleva el estar día tras día al lado de personas que tienen tantísimo que enseñar y que aportar en la vida de otros y otras, que es otro y uno de los principales motivos por los que merece la pena todo lo que esta profesión pueda conllevar consigo.
Desde muy pequeña me encantaba ayudar a las personas, en general, y un día me pregunté ¿por qué no? ¿por qué no puedo dar lo mejor de mí a otros y dejar un granito de arena en sus vidas para que, esas personas que lo necesitan,
puedan cambiarla y mejorarla? Por supuesto, sin pretender esperar nada a cambio, porque mi regalo era: mi objetivo, que esas personas llevaran algo de mí en su corazón y eso les hiciera cambiar y mejorar sus condiciones de vida. Y desde ese día, comenzó mi andadura en este precioso camino, formándome primero como maestra, después como integradora social y, por último, como EDUCADORA SOCIAL, todas ellas profesiones que de una forma o de otra tiene como fin enriquecer la vida de las personas que conformamos esta sociedad.
He de confesaros, que no es una profesión fácil de ejercer, e incluso puede ser difícil de entender, pero sin duda alguna, es mi profesión y lo que ésta me aporta tanto a nivel personal como profesional, nunca habrá ninguna otra que pueda hacerlo. Puesto que, entre el número de motivos que se han aportado, más otros muchos más que hay, sólo unos pocos nos podemos sentir afortunados de decir a boca llena, SOMOS EDUCADORES SOCIALES, de profesión, vocación y de corazón. Poder dar de forma altruista la esencia de uno mismo a quien o de quien lo necesita y obtener eso mismo de ellas… eso tiene un valor incalculable.
Termino, como no, agradeciendo la generosidad que se nos brinda por permitir poder formar parte de un momento temporal de vuestras vidas, algo que es tan íntimo y tan personal. Se trata de un proceso de cambio muy duro, pero a la vez muy necesario e importante, y que marcará un antes y un después, en la maravillosa historia de vuestras vidas, dentro de la cuál hemos podido dejar una pequeña huella. ¡GRACIAS!

Laura Luna Mures.