Para muchos no está muy claro si los menores, principalmente árabes, que entran en nuestro país deben ser atendidos como lo son una vez aquí.

Piensan, los que piensan que sí, que con este trato tan benevolente para los que pasan la frontera clandestinamente, se está potenciando la inmigración y fomentando el efecto reclamo, debido a la forma en que los acogemos, empezando por la propia policía o guardia civil.

El trato que le dan las fuerzas del orden, constituye el primer contraste para ellos; en su país, la policía suele ser la que les pega o reprime con violencia, aquí en cambio es la que les ofrece en la misma comisaría un sofá para pasar la noche y un bocadillo para saciar el hambre, ya que por ley no pueden dormir en el calabozo.

Después, la Junta los recoge, los declara en desamparo, los interna en centros, los escolariza, y en último lugar los incluye en programas de formación e inserción laboral. ¿Demasiado para ellos, inmigrantes clandestinos ? Puede, pero no hay que olvidar que ante la Ley, mientras esta no cambie, priva la condición de menor sobre la de inmigrante, y ellos,  una vez aquí, son eso: menores no acompañados.