“Me permito llorar cuando el viento no sople a mi favor, cuando no tenga una mano a donde agarrarme. Cuando solo mi soledad sepa de mí.

Ahí me permito llorar.

Me permito llorar cuando todo y nada me duela, cuando los recuerdos me desvelan, cuando la niñez se me presenta.

Ahí me permito llorar.

Me permito llorar cuando una y otra vez la vida me golpee, cuando las heridas vuelvan a florecer, cuando nadie me quiera creer.

Ahí me permito llorar.

Me permito llorar porque así consigo sanar, porque de ayuda no pude contar, porque con los años fui aprendiendo a nadar.

Por eso me permito llorar, porque gota a gota de ‘mi mar’ al fin aprendí a nadar.”

Atentamente: A.

En nuestro trabajo, acompañamos a mujeres que por las experiencias de vida que han tenido, han aprendido a regular el malestar con mecanismos disfuncionales, como pueden ser el consumo de distintas sustancias, conductas autolíticas, encerrarse en su habitación y meterse en la cama, en definitiva, son conductas de evitación o de huida, que amortiguan el malestar y que por ellos son reforzadas, repitiéndolas a pesar de ser ellas mismas las más perjudicadas. Para ello, en ocasiones, una de las técnicas que utilizamos en terapia es el afrontamiento a través de respuestas más adaptativas, que en algunos casos no forman parte del repertorio conductual de la persona, por lo que a través de otras herramientas, como la escritura terapéutica, se facilita que la practiquen y finalmente canalicen así su sufrimiento. En este caso, una paciente, comparte un ejercicio donde se da permiso para llorar y así sustituir con el llanto sanador, conductas autodestructivas. 

Charo Carmona, Psicóloga en la Fundación Emet Arco Iris.