Hoy te escribo a ti, que tienes la culpa de haber sacado una versión de mí con la que no hubiera querido encontrarme nunca.

“Ha llegado la hora de decirte todo lo que he perdido por tu culpa”

“Ha llegado la hora de decirte que no has tenido escrúpulos.

No te he dado pena ni lástima.

Tú me has hundido.

Tú me has visto llorar día a día.

Por tu culpa he intentado desaparecer.

Por tu culpa me has hecho venderme.

Por tu culpa he permitido abusos.

He dejado de alimentarme, de cuidarme.

Tú me hiciste que me dejara de querer.

Por tu culpa llegué a odiarme.

Tú me has hecho sentir desprecio conmigo misma.

Tú has conseguido que viva en una continua dejadez.

Tú me has hecho llevar una vida sin responsabilidades.

Tú solo me buscabas problemas y nunca me has dado ninguna solución.

¡Y aún con lo que te estoy diciendo, insistes en que eres lo mejor para mí, pero no sabes lo equivocado que estás y lo lejos que yo me siento de ti!

Para mí, el vínculo que existía entre tú y yo está acabado. Te desprecio y lo voy a hacer toda mi vida.

Aunque quiero que sepas que siempre tendrás mis respetos y mis razones tengo, pero tú, miserable, puedes tener la certeza de que jamás me volverás a ver la cara. Nunca más me volverás a sentir ni siquiera cerca de ti, porque tú solo me has causado dolor y sufrimiento.

¿Sabes qué? No has podido conmigo y jamás te lo voy a permitir.

Nunca voy a rendirme y voy a luchar el tiempo que sea necesario para no volver a tu lado. Estas son mis últimas palabras hacia ti. Esta es mi despedida. Cada vez que me inunde el deseo por verte, me repetiré a mi misma estas palabras y recordaré todo lo que tú me has causado. Tú y solamente tú.

Tú me destrozaste la vida y aún estoy reconstruyendo las piezas. Pero con tesón y firmeza lo voy a conseguir.

Hasta siempre.”

Esta es la carta que M. decide escribirle a su “yo” adicto, a la parte con la que ha convivido y aún convive. Así decide seguir luchando por recuperarse, hablándose a sí misma de lo experimentado con su enfermedad, en una Comunidad Terapéutica para mujeres con adicciones.

La toma de conciencia de esta enfermedad y su aceptación, son pasos que M. ha ido dando a lo largo de su tratamiento, en el que la valentía y fortaleza la han hecho sentirse preparada para expresar las situaciones a las que se ha visto expuesta y las consecuencias que ha sufrido ella y su entorno, derivadas de una vida marcada por el consumo. Un consumo que la ha llevado a no reconocerse, como persona, como mujer, con dignidad y con derechos, a sentirse no merecedora de valor, a hundirse en el oscuro pozo de soledad.

Elegir el consumo entre las posibilidades que la vida le brindaba, la hace culpabilizarse de las decisiones y de las consecuencias que le han acontecido a ella y a su familia.

Tanto M. como sus compañeras, deciden día a día plantarle cara a su “yo” adicto, luchando una más de las mil batallas que intentan dejar atrás. Así, convirtiéndose en guerreras, librarán y podrán vencer a esa parte de su “yo” que nos une a ellas como profesionales.