La decisión de tomar drogas  no es nunca un fin en sí mismo sino un medio de conseguir algo difícil o lento de alcanzar por otros medios, generalmente el placer.

Se tiende a considerar la adicción como algo aislado sin relación con la actitud general de la sociedad, algo que se ha colado por la puerta trasera sin darnos cuenta, sin responsabilidad alguna por parte de nadie; no lo creo, creo más bien que, si es que  entró por detrás, algunos habremos dejado la puerta entreabierta o mal cerrada para que entre el fresco.

¿Qué cómo?, pues buscando afanosamente  la comodidad, el ahorro de todo tipo, de esfuerzo, de tiempo, de atención, de responsabilidad…en definitiva, la búsqueda desenfrenada de placer.

Ignoramos al principio que la satisfacción del placer nos irá haciendo cada vez más sensibles al mismo y nos hará hundirnos cada vez más en la trampa, con algunas desagradables consecuencias pero con una sobre todas: la sensibilidad al placer nos hará más sensibles al dolor y por tanto más vulnerables a todo.

Pocos podemos escapar a este planteamiento, para ser más exactos, todos estamos expuestos a caer en este circulo vicioso, si no hacemos un ejercicio de autocontrol, cualquiera puede caer en la adicción a algo.

El adicto en esta situación necesita un movimiento, a menudo brusco, un golpe de timón que le haga salir de ese circulo de….. placer… dolor…y vuelta al placer…., en caso contrario seguirá inmerso en la única y auténtica escalada, no la de las drogas  mal llamadas blandas o bien llamadas duras, sino en la única y fatal escalada de la peor de las drogas: el placer.