Hoy os dejamos esta maravillosa reflexión de uno de los educadores de Bataneros (nuestra Vivienda de Apoyo a la Reinserción):

F. llevaba ayer un buen día hasta que por la noche la cara le cambió a pesadumbre y tristeza. Sus propios compañeros se dieron cuenta pero no quiso hablar con nadie. Se lo comentaron al educador y a pesar de intentarlo con habilidad F. estaba cerrado en banda y respondía que era algo en lo que no le podía ayudar el equipo. Al día siguiente seguía triste. Pero dio la casualidad de que se encontró por la calle con otro educador que se incorporaba al turno. Tras unos “buenos días, cómo te va la vida” este educador le echó la mano en el hombro acompañándolo por una calle empinada. Antes de llegar al final de esta bonita calle de Córdoba F. ya le había contado su problema al educador liberándose de la carga y buscando consejo.