El 15 de noviembre se celebra el Día  Mundial sin Alcohol, instaurado por la OMS,  con objeto de hacer reflexionar a nuestra sociedad de los riesgos que conlleva el consumo nocivo de dicha sustancia.

Según la Organización Mundial de la Salud, cada año se producen 3,3 millones de defunciones (5,9 % del total mundial) atribuibles al consumo de alcohol. Así mismo, el 5,1 % de la carga mundial de morbilidad y lesiones se deberían a dicho consumo.

Del mismo modo se relaciona el alcohol con el desarrollo de enfermedades mentales, accidentes de tráfico, traumatismos, enfermedades transmisibles como el VIH, cirrosis hepática, algunos tipos de cáncer y enfermedades cardiovasculares. Si el consumo de alcohol está presente durante el embarazo, puede originar el síndrome alcohólico-fetal.

A pesar de estos datos escalofriantes, aún estamos lejos de atajar con determinación el problema.

En primer lugar, no deberíamos permitir que la edad media de inicio en el consumo en España esté en torno a los 13 años. Por un lado  impidiendo el acceso a la sustancia y por otro, con políticas de prevención que vayan más allá de la simple información a través de campañas publicitarias. En la mayoría de los casos  no llegan a los jóvenes, sino a los padres, y producen en éstos cierta tranquilidad al pensar que por lo menos alguien hace “algo” por sus hijos. Pero en realidad no estamos ofreciendo alternativas sanas, creativas, que despierten el interés de los jóvenes y adolescentes

En segundo lugar hay que tener en cuenta  las características de la forma de beber en la actualidad; pudiendo afirmar que estamos asistiendo a un notable cambio social en nuestro entorno debido al aumento del consumo en atracón (binge drinking) en contraposición a  un consumo  moderado más ligado a nuestra cultura mediterránea.

El consumo en atracón consiste en ingerir gran cantidad de alcohol en poco tiempo, lo cual en sí es más dañino. Además hay que tener en cuenta que en fenómenos como el “botellón” el alcohol consumido es de baja calidad y alta graduación, lo cual puede ocasionar consecuencias muy negativas a los jóvenes que lo frecuentan.

Por otra parte el alcohol es una sustancia psicoactiva con capacidad de producir dependencia y esto es algo que se toma demasiado a la ligera al comprobar la presencia y el consumo de dicha sustancia en nuestra sociedad. No toda persona que consuma se hará ADICTA, pero cuando esto suceda, irá afectando no solo a su salud física, sino a todos los ámbitos de la persona: familiar, laboral, económico, judicial…ocasionando la destrucción de la misma.

Cuando se llega a este punto ya es necesaria la ayuda especializada y profesional, siempre que la persona con el problema cuente con la motivación necesaria.

Afortunadamente, Córdoba cuenta con recursos y profesionales de acreditada solvencia, demostrada a lo largo de los años, para permitir el tratamiento de esta patología cuando esto fuera necesario.

En fin, que esta fecha no se quede en anécdota sino que nos haga reflexionar y tomar conciencia de las consecuencias negativas, en muchos casos graves, que puede originar  el consumo de una sustancia tóxica como el alcohol.