Es frecuente encontrarnos con gente que no comprenden porqué los adictos a drogas tienen tanta dificultad para lograr la abstinencia, y tampoco se explican porqué los que la consiguen, recaen al cabo del tiempo con tanta frecuencia.

Para entenderlo, tendrían que conocer en qué medida tan desproporcionada se hacen sensibles al placer los que abusan de las drogas, de manera que, una vez adquirido el hábito, sólo se sentirán bien si están en un continuo estado placentero, o sea, siempre placiendo, siempre a gustito, siempre con el puntito pillado, por emplear sus propias expresiones. Obviamente, en la vida real esto no ocurre, de manera que se puede decir que viven en un mundo irreal donde sólo importa estar siempre bien y disfrutando.

Los que se empeñan en esto, en estar siempre bien, si lo consiguen, pagan un precio muy alto, pues en la medida que se han hecho sensibles al placer, ya que sienten, gustan, y experimentan placeres más y mejor que nadie, se hacen más sensibles al dolor.

Esta actitud ante el placer hace que se encuentren con más dificultad para soportar las contrariedades y los sinsabores que la vida indefectiblemente nos depara con tanta frecuencia, y así, no se sentirán con fuerzas para llevar una vida social, familiar, y laboralmente digna, y se vendrán abajo ante cualquier obstáculo encontrado en el camino.

Definitivamente, podemos decir con propiedad, que el hecho de ser más sensibles al placer, les hace mucho más sensibles al dolor, y ahí radica en gran parte la dificultad para muchos de ellos, pues la superación, previa aceptación, del dolor, es un componente esencial de la felicidad personal.