El dueño de un jardín es observado triste y desilusionado. Al preguntarle las razones comenta que vive en la tristeza porque ve su jardín con las plantas secas, feas, desnutridas… . Le encantaría que su jardín floreciera como en su día floreció, porque las plantas son jóvenes y se sembraron con ilusión.

Le proponemos mover bien la tierra y abonarla con mucho afecto. Le proponemos oír a las plantas y que expresen sus sentimientos y nos encontramos desobediencia, voces, violencia, raíces enrolladas con otras plantas, ansiedad…

¡Hay que poner orden!

Abonamos el terreno y van asumiendo el saber escuchar, cómo se debe respetar, cómo compartir la tierra y dar soluciones a los conflictos, cómo pedir permiso, cómo poder comunicarse sin alterar la voz ni usar vocabularios inadecuados, cómo pedir disculpas y saber aceptarlas, cómo hacerse valer por sí mismas, cómo formular quejas adecuadamente, cómo controlar sus impulsos… . Un trabajo al cual se le dedicó tiempo, pero que mereció la pena, ya que al empezar a florecer las plantas, el jardín tenía otra vista, y el dueño del mismo tenía… ¿Cómo pensáis que estará el dueño?

Trabajamos la competencia social incluyendo un repertorio de conductas que van desde el reconocimiento y el manejo de las emociones al pensamiento creativo, la asertividad y habilidades de comunicación.

Intentamos adecuar el comportamiento de las residentes a las normas sociales, siendo respetuosas con una misma y con las demás, trabajamos activamente de acuerdo con sus capacidades, que conozcan sus posibilidades y limitaciones como la de los demás.

En concreto mejorar las relaciones interpersonales y SER PERSONAS.

Rafael Pedregosa. Educador Centro de Menores, La Muela.