Una de las características del drogodependiente es la prisa por conseguir lo que quiere, la prisa por llegar, la prisa por saber, la prisa por tener,….la prisa, consecuencia sin duda del modelo de sociedad que entre todos hemos construido.Esa prisa, le lleva a economizar en su tratamiento, tanto en tiempo como en intensidad, poniéndose metas cortas, a cultivar ideas de abandono, sin más criterio que el cambio de aires a ver si suena la flauta.

Esto de por sí, constituye un obstáculo, pues dificulta o impide un trabajo serio, fruto de una programación en función de sus dificultades personales. Da la impresión de que algunos emplean su tiempo en aprender fórmulas para aplicarlas después, sin pararse a entender el porqué de las cosas que hacen y dejan de hacer; ignoran que el esfuerzo debe ir dirigido a captar el sentido de las cosas, el sentido de su vida misma. No hacerlo así supone abocarse al fracaso…..otra vez!!!! Y es que no se trata de aprender qué cosas pasan, sino aprender de las cosas que pasan, desarrollar la capacidad de interpretación de lo que ocurre, o sea aprender a aprender, entender la vida no como una rutina sino como una aventura que empieza nuevamente cada día.

Lo contrario es la seguridad del torpe, la pura aplicación de fórmulas que le garanticen la seguridad, ignorando que todo hombre inteligente es por definición inseguro, así como todo aquél que se siente libre es por necesidad indeciso.

El tiempo de tratamiento es una oportunidad para el aprendizaje para quienes se lo plantean en serio, tanto que alguno como Mercedes llegó a decir en voz baja, como dándose cuenta de la gravedad de lo que decía:….aprendí tanto sobre mí que he llegado a pensar que mereció la pena drogarse para tener la ocasión de aprender tanto.