Hay quienes no entienden porqué son tan pocos los toxicómanos que deciden dejar la droga, y porqué, de esos que lo deciden, son tan pocos los que lo consiguen; pues bien, la respuesta no es simple y no se puede hablar de una sola causa, pero la realidad sigue estando ahí.

Se han abierto todo tipo de centros, ambulatorios y residenciales y sin embargo aún hay adictos que no han acudido a ninguno, que pasan olímpicamente de las ofertas que les hacemos para que abandonen su adicción y se incorporen a la sociedad con igualdad de derechos, que ya tienen, y de obligaciones que no sienten

En todas las capitales de provincia se ha llevado a cabo un Plan de Actuación en Barriadas Preferentes, para facilitarles el acceso, una vez demostrado que el desplazamiento a las zonas céntricas donde estaban ubicados los primeros centros constituye un obstáculo para su puesta en tratamiento; algo así como los bancos, que abren sucursales en los barrios para captar a los clientes de cercanías.

Tratándose de enfermos, cabría suponer que el enfermo que se cuida acudirá a donde sea para curarse; pues no, en este caso no es así, lo que nos habla de su particularidad. Por tanto hay que ponérselo fácil, hay que ir a por ellos, porque lo necesitan y por el daño que hacen mientras tanto, o sea porque lo necesita la sociedad en general, que sufre sus atropellos.

Estamos bajando continuamente el listón, ofertando a la baja, hasta el punto que los programas terapéuticos en todo el mundo basan su éxito no sólo ni principalmente en los resultados positivos, sino en el  número de adictos que han logrado atraer y en su caso retener, la llamada adherencia al tratamiento

No parece sino que  todos estemos más interesados en resolver el problema que ellos mismos, pues esa es la realidad en un amplio porcentaje de casos. Nosotros preocupados, ellos mientras tanto, a lo suyo, están bien como están.