El otro día llegó a mis manos el testimonio de una paciente que quiero compartir:

“Yo sola no podía”

“Buenos días mundo”: Esta es la primera frase que digo cuando bajo los pies de la cama y veo el primer rayo de luz. Tengo 63 años, es una edad en la que podría decir ”hasta aquí” o “de algo hay que morir”; yo he elegido la primera porque deseo vivir y salir del infierno del pasado en el que me encontraba con el consumo, del cual no podía liberarme o salir, necesitaba ayuda.

Padezco una enfermedad desconocida por la mayoría de las personas denominada TUS: Trastorno por el Uso de Sustancias la que me predecía otros trastornos físicos, psicológicos y adaptativos. Sé que es una enfermedad crónica y progresiva, que no tiene cura pero que si la puedo controlar mediante la abstinencia activa y cambiando hábitos.

Es una enfermedad para toda la vida, y requiere la ayuda de personas cualificadas y la fuerza de voluntad para seguir las pautas que te marcan para llegar a buen término, confiando en el equipo terapéutico en mi caso Emet Arcoíris, donde tengo mi segundo hogar.

Mi vida ha dado un giro de 180 grados, necesario para conseguir mi gran  meta de progresar cada día y así conseguir sentir la libertad, libre de sustancias. He cambiado de lugar de residencia, me he separado de mis hijos, esto me ha causado dolor… digo “dolor” porque mi falta de egoísmo no me dejaba ver el dolor que padecían ellos. Tras finalizar mi tratamiento, he recuperado el rol de madre y el respeto de ellos, pues el cariño siempre lo he tenido. Se veían en la obligación de inhabilitarme, sin embargo ahora he conseguido ser autosuficiente, gracias al apoyo de mi familia, al equipo terapéutico y de reconocer y demandar la ayuda necesaria. Ya he pasado por un periodo de desintoxicación y ahora estoy en un periodo de deshabituación.

Todos los días me imagino una balanza donde pongo lo negativo a lo que me ha llevado el consumo y todo lo positivo de mi vida actual. Lo mejor de esto es que tengo nuevas expectativas de vida, he ganado confianza en mí misma, soy la protagonista de mi vida y soy consciente de mi enfermedad. He sido responsable de mis actos, no culpable; consciente de mis errores, de los que he podido aprender y trabajar hábitos saludables, ser paciente y poder elegir lo correcto.

Gracias Arcoiris por enseñarme a nadar cuando me estaba ahogando.

Gracias a ti, M, por compartir tu experiencia es fundamental reconocer y saber tomar la ayuda para hacer un buen proceso. Nunca es tarde.