Me llamo Teresa, soy natural de Alicante y me dedico a la enfermería. Tengo sesenta años y soy madre de una hija de cuarenta y dos y abuela de una nieta de seis años. Y soy ex toxicómana.

Por mi edad, en los años 80 formaba parte de la movida… ¿qué movida? Para muchos de los adolescentes de hoy, solo lo habéis escuchado por vídeos, documentales… pero mi generación la vivió en cuerpo y alma.

España en esa época, despertaba del letargo de 40 años de dictadura. Abría las puertas y rompía con la represión de muchos años… sin saber lo que nos venía encima. Toda nuestra juventud tenía contenidas y dormidas muchas inquietudes. Estábamos ávidos de experiencias nuevas y de darle “gusto al cuerpo”.

Y ahí estábamos miles de nobeles corazones que creíamos en el amor y no en la guerra… que por fin éramos libres para hacer lo que nos viniera en gana sin ningún filtro ni preparación y totalmente desinformados. Y nos dimos de bruces con el Libertinaje, olvidándonos de todo lo demás.

En un principio todo parecía un cuento de hadas. Nuestros sentidos se despertaron y la alegría y el bienestar nos llenó el alma de experiencias hasta ese momento desconocidas, impensables e inimaginables. Pero no duró mucho. Pronto los estragos de todo lo que acontecía fueron dinamitando nuestras vidas y las de nuestras familias.

Éramos una juventud bien preparada… nuestros padres se habían esforzado por darnos  estudios y así poder liberarnos de trabajar como burros en oficios de poca monta. Nos inculcaron valores como la religión, el respeto o el sentido común. Pero a pesar de ser una generación preparada, caímos en la trampa más mortífera del momento: LA DROGA.

Todo fue producto de cómo ocurrieron los acontecimientos y a eso ayudó la desinformación que teníamos. Nadie, ni padres ni familia, ni docentes ni pedagogos, ni médicos ni psiquiatras sabían cómo abordar la situación… no sabíamos qué estaba sucediendo.

El genocidio fue brutal y en un plazo muy corto… día a día, semana tras semana, vimos cómo sin remisión, caíamos en un agujero negro. El consumo de sustancias nos llevaba a pagar un costoso precio: el de nuestras vidas. Fuimos mártires del desconocimiento y de la necesidad de romper barreras para ser modernos. La droga era una manera de liberarnos de las ataduras de un régimen muy controlador y castrante. Y en la década de los 80-90 murieron muchos jóvenes. Personalmente yo tengo en el cementerio a un hermano, primos, marido y un centenar de amigos. Los que no murieron por los tóxicos, los remató el VIH.

Y hecha mi exposición yo quiero mandar un mensaje a todos los lectores… en la actualidad, en pleno siglo XXI, la situación es muy diferente ya que la información llega a todos y por muy diversas fuentes. Tenemos casi 40 años de experiencia sobre el consumo de tóxicos. Sabemos el devenir de una adicción, podemos atajarla con medios diversos. Está reconocida como enfermedad y hay tratamientos específicos y personalizados. Existen en nuestro sistema sanitario, unidades específicas de conductas adictivas. Se ayuda con intervención familiar. (Antes nos trataban a cañonazos porque no existían recursos y los adictos y sus familiares iban sin rumbo a golpe y a base de economía particular de puerta en puerta de los psiquiatras que pudieran atendernos y ayudarnos a reconducir nuestra “mala vida”, se consideraba vicio y a nosotros viciosos.)

Mi andadura por las adicciones no empezó cabalgando con la heroína. La droga se instaura como moda, movimiento y poco a poco se hace dueño de ti. Empiezas sólo los fines de semana, en vacaciones, esporádicamente cuando te quieres dar un festival y muy sibilinamente se hace imprescindible en cualquier acontecimiento o estado depresivo. Muy sutilmente empieza a ser tu aliada para resolver conflictos o para celebrar victorias. Te creces cuando te la tomas y te tranquiliza cuando estás triste. Pero el coqueteo con ella sólo te engancha y la hace imprescindible sin que te des cuenta. Al poco tiempo se hace necesaria para trabajar, para levantarte, para divertirte,… para todo. Y entonces ya no puedes prescindir de ella. Te falta algo y no sabes que es… no subestimes el poder de la droga.

Destacaría de toda mi experiencia con ella (quince años adicta a la heroína y consumidora de todas las demás) todos los años que llevo sin ella. Sí que en mi juventud y hasta los 32 años fue mi aliada pero el poder erradicarla de mi vida es lo mejor que me ha podido pasar. Cuando miro el baúl de mis recuerdos siempre tengo sentimientos encontrados. Por un lado me apena muchísimo haberle dedicado tanto tiempo de mi vida a drogarme como si no hubiera un mañana. Por otro lado doy gracias a la vida por haberme dado el valor de alejarme de ella. Gracias papás por haberlo hecho posible. Gracias hija por darme la oportunidad de recuperarte. Gracias Arcoiris por ayudarme a reconducir mi vida. Gracias Alfonso por creer en mí y quererme

Hay que ser realistas y pensar que el camino de nuestra existencia no es fácil y que hay dificultades y momentos tormentosos donde no ves la luz del túnel… no es fácil “vivir” cuando aun teniendo todo, te falta todo. La actitud es lo más importante. Hay que ser positivos y si las cosas se tuercen hay que volver a enderezar.

La sociedad en la que vivimos, primer mundo,  no nos prepara para sufrir. La familia protectora nos allana la existencia para que vivamos cómodamente… pero el individuo para crecer y hacerse fuerte tiene que luchar y enfrentarse a la adversidad. Todo no es de color de rosa, ni somos supermanes, ni vivimos en la ciudad de nunca jamás. La realidad nos exige esfuerzo…la vida conlleva subir de uno en uno sus escalones. Necesitamos formarnos y superarnos día a día, y eso, es una tarea personal que nadie puede hacer por nosotros.

Qué os diría yo desde mi posición y momento actual… a todos los adolescentes y familiares que están inmersos en el gran problema de la droga. Se me ocurren muchas cosas pero puedo reducirlas en una… hay que decir NO A LA DROGA desde el minuto uno. Es un problema difícil de resolver una vez que confiadamente traspasas la puerta e inocentemente crees que puedes dejarla cuando tú quieras… es un concepto erróneo. Todas las drogas son iguales, por muy blandas que estén clasificadas… son drogas… por lo tanto producen adicción y te esclavizan. No se puede coquetear con ninguna, te atrapan, te abducen hasta enloquecer. Te despersonalizan y te convierten en una marioneta. Hay que ser fuertes y saber decir que no, ni siquiera probarlas por mucho que te inviten o esté de moda en  tu círculo. No es de valientes probarla, al contrario es de inteligentes decir que NO.

Si ya eres uno de sus adictos lo vas a tener muy difícil… pero no imposible. Doy fe de ello.Llevo treinta años desde que me pude divorciar de ella con muchísimo esfuerzo… pero son los mejores años de mi vida. No ha sido fácil, me dejado mucho por hacer pero  lo he ido recuperando poco a poco con cariño y tesón. Cada minuto que pasa ya no vuelve… es irrecuperable. ¿Para qué malgastar un minuto más de tu vida empeñándote en “ser feliz” cuando realmente lo que haces es autodestruirte?

POR UNA VIDA SIN DROGAS, SIN ATADURAS… porque cada célula de nuestra piel se estremezca cada vez que respiremos y demos gracias por estar vivos, no dormidos.

Teresa Gilabert Dura