Cuenta Homero en La Odisea que de vuelta a Itaca y tras una enorme tormenta arribaron en la playa de una isla habitada por unos hombres que se distinguían por su bondad, hospitalidad y nobleza  que les ofrecieron una acogida agradable en extremo; se trataba de los lotófagos o comedores del fruto del loto. Los efectos que esta planta producía en ellos eran todos placenteros pero, de entre todos, destacaba la capacidad de olvidar, tanto era así que la llamaban la flor del olvido. En efecto, así ocurrió, cuando los náufragos comieron de esa planta olvidaron de inmediato su hasta entonces gran objetivo, volver a casa, a su patria, a Itaca.

Se encontraban sumidos en un estado soporífero donde no cabían malos sentimientos, pero tampoco insatisfacciones, ni contrariedades, ni otros anhelos , sólo disfrutaban habiendo olvidado todo lo que les pudiera producir malestar.

Tan fuerte era esta atracción, que hasta el mismo Ulises encontró dificultades para  convencerlos de la conveniencia de proseguir su viaje de vuelta, teniendo que emplear la fuerza para embarcarlos de nuevo.

Hasta aquí el relato de Homero, y ahora les invito a que sustituyan los términos, loto por droga y lotófagos por adictos ya sea a sustancias o personas o cosas.

También lo adictos emprendieron un viaje, el de su vida, durante el cual sufrieron de todo, avatares, accidentes, tormentas, hasta llegar al puerto del placer, placer de olvidar lo que les incomoda, o no les gusta, o simplemente lo que les acarrea consecuencias no deseadas a corto plazo.

Así es, el adicto, al consumir, tapa, sustituye, olvida todo lo indeseable para él, y se sume en un estado irreal en el que no es necesario esforzarse para vivir bien, en un estado permanente de placer, en principio claro, que  luego será otra cosa.

Para salir de ahí, necesitarán de otro u otros Ulises que le obliguen a ponerse en tratamiento, ya sea el ingreso en un centro  o la consulta de un experto en régimen ambulatorio; generalmente el papel del héroe de La Odisea lo interpretan la familia, los amigos, los jueces o cualquiera a quien le duela la situación por la que atraviesan.

En cualquier caso, serán estos o las consecuencias negativas del consumo, prisión, pérdida de afectos, pérdida de trabajo, etc, los que se disfrazarán de héroe para rescatarlos de las fauces del placer del olvido.

Alfonso Fernández Zamorano