En esta ocasión Javier nos envía un curiosísimo libro que, aunque tiene algunos años, sigue proporcionando sorprendentes miradas sobre el mundo de la droga.
 
     Se trata de ‘El placer y el mal: Filosofía de la droga’, escrito por Giulia Sissa y publicado en 1997.
 
     La italiana Giulia Sissa es investigadora en el Centre National de la Recherche Scientifique de París y profesora de la Universidad Johns Hopkins de Baltimore.
 
     La autora define la toxicomanía “como una práctica que acciona realmente la fuerza de un deseo vuelto insaciable y progresivamente devorador, hasta el punto de que la satisfacción siempre provisional -clave de un placer plural, cambiante y renovable- se convierte en este caso en tolerancia y dependencia, por la fijación a unos productos que resultan imprescindibles para no sufrir demasiado. En suma, la toxicomanía hace posible una teoría del deseo. Una teoría que no haría de la ansiedad el genio maligno de las vidas felices, sino un ogro intratable; no el resorte impagable que imprime ritmo a la felicidad, sino un agujero negro donde el goce resulta indiscernible del más agudo pesar”.
 
     Y añade que “la droga es la manifestación paradigmática de la fuerza de un deseo, pero una manifestación tan extrema, que la ansiedad no tiene ya nada que ver con una vitalidad alegre y se convierte, por el contrario, en un estado físico y psíquico atroz”.
 
     En otro momento señala que “gradualmente, el deseo no encuentra ya en la droga un principio motor, sino más bien una exacerbación tan despótica que se agarra a ella sin que pueda interesarse por ninguna otra coas. En lugar de aportar voluptuosidad, la siguiente dosis evita hundirse en el sufrimiento. En ese momento, la carencia se vive en forma de un dolor insoportable y no obstante irresistible. El placer, pues, sufre una transformación; es cesación del pesar, no dolor, placer negativo”.
 
     Considera la autora que la connivencia entre la filosofía del placer negativo y la práctica de la adicción invita a considerar la toxicomanía desde una perspectiva amplia, profunda, transcultural.
 
    Y afirma que “lo sepa o no, según su nivel cultural, el consumidor de droga da una respuesta práctica al problema humano del bienestar. Por esa razón, debe ser comprendido.”
Resumen elaborado por Javier MArtín