Cada año pasan por nuestro centro muchos menores con trastornos de conducta pero son numerosas las veces las que nos hacemos la siguiente pregunta ¿Si este chico hubiera nacido en otro lugar del mundo su situación sería la misma?

Vivimos numerosos casos  en los que los chicos acuden a nuestro centro carentes de hábitos, valores, educación y, sobre todo, faltos de cariño. Desde pequeños ven situaciones y toman decisiones que no deberían afrontar a tan corta edad ocasionando que no disfruten de las pequeñas cosas que tendrían que hacer los niños.

Al llegar a nuestra residencia nosotros le marcamos unas pautas que quizás nunca hayan tenido pero también comprobamos que cuando se adaptan a su nueva situación y se acomodan a vivir con menos riesgos y miedos, disfrutan realmente de su edad, de los juegos con los iguales, de los primeros atisbos de amor, cariño…

Cada día muchos de ellos avanzan en el aprendizaje mientras otros siguen un poco reticentes al cambio, lo que en algunas ocasiones crea impotencia en el educador, o como ellos nos llaman en el “maestro”, pero es realmente esta cercanía, está lucha y el miedo a fallar el que consigue que se muestren más cariñosos y abiertos,  dejando al descubierto su gran problemática, la cual, desde mi punto de vista, no siempre es el trastorno de conducta o que sean “niños malos”, sino la falta de una infancia llena de valores, normas y amor.

Disfrutemos de nuestro trabajo porque aunque en ocasiones el camino sea difícil y se produzcan muy pocos cambios puede que sean grandes para mejorar la vida de una persona y para sacar al niño que hace tiempo se escondió en cualquier lugar desfavorecido del mundo.

“El mejor medio para hacer buenos a los niños es hacerlos felices” Oscar Wilde

Juan Carlos Márquez