La palabra educación significa sacar de dentro. No somos objetos vacíos ni oscuros, más bien velas por encender. Un educador sabe que en una persona hay grandeza, algo  que hacer… Un árbol nunca crece tirándole de las hojas.

Cuando hablamos de menores con problemas de conducta, se nos presentan  perfiles de falta de control de impulsos, fracaso escolar, resistencia para asumir normas, comportamientos disruptivos… La intervención educativa íntegra un análisis de la vida del menor, familia, cultura, observando sus carencias, habilidades… Intervenir desde la raíz y no desde las hojas.

La intervención directa en este caso, está basada en las acciones tutoriales, trabajo fundamental del educador y educadora, que desembocan en una mejora en las conductas. La tutoría ayuda a descubrir  entre ambos  el proceso de cambio y las alternativas positivas  a sus comportamientos negativos. Revisándose los acuerdos y los logros conseguidos así como lo que quedan por trabajar.

La intervención educo/afectiva disciplinada, consigue que el menor sea el que descubra sus errores, valorando la ayuda que se le ofrece, sintiéndose  protagonista de su proceso. Nunca se entendería que la educadora o el educador sea el protagonista, suplantando al menor ante los problemas del mismo. Cuando el menor descubre  su necesidad de cambio y su intención de llevarlo a cabo, constatando que es real, es lo que nos hace sentirnos educadoras y educadores.

El trabajo arduo de las educadoras y educadores  en centros de menores, no solo se basa en lo profesional. Tenemos una función básica muy intrínseca a la hora de intervenir. Nos caracteriza la constancia, el conocimiento, la motivación,  la voluntad, el desenfado, la formación… Creando  una relación sana, ofreciendo  ayuda a los menores.

Nuestro trabajo conlleva un camino activo, constructivo, solidario… nunca libre de dificultades y desánimos. La relación  con menores  con  problemas de conducta da sentido a nuestra vida tanto profesional como emocional. Observamos  los procesos de cambio desde que  ingresan hasta su marcha del centro y nos sale de muy dentro la frase; VER PARA CREER.  Y podremos decir eso porque antes CREEMOS PARA PODER VER.

Somos instrumento y hemos de estar bien afinados para lograr un eco emancipatorio en el menor que nos observa. Saber que tenemos tal influencia que se hace necesario que se realice nuestra labor con vocación . Que nuestras actitudes son las que inducen y estimulan a los menores la confianza en su capacidad de recuperación, más aun de lo que podamos decirle o explicarles.

No puedo terminar sin escribir esta P.D

Mi gran reconocimiento y ánimos para este colectivo  de educadoras y educadores, ¡!Compañer@s ¡!. Que realizan su labor  día a día en centros de menores o en otros recursos. Codo a codo  compartiendo ocio en el patio, a la hora de levantarse revisar cuartos,comedor,normas,motivar ante los desánimos, tantas cosas… Tantas emociones…  no dudéis de vuestra labor, vuestra vocación  y expresar.

CREEMOS PORQUE DESPUES VEMOS.

Rafael Pedregosa González… Educador  Fundación Emet arcoíris .