En esta ocasión envío una publicación que, aunque tiene algunos años, aporta una visión sobre el fenómeno de las drogas algo diferente, al incluir la perspectiva económica. El texto se centra en la zona de los Andes.
 
     Se trata del libro ‘Drogas ilegales, economía y sociedad en los Andes’, escrito por Francisco Elias Thoumi y publicado en 2002.
     Para entender la importancia de este texto, podemos señalar que durante los meses siguientes a su publicación en español el libro fue el único que no era de ficción que se mantuvo en la lista de los 10 más vendidos en Colombia.
     Thoumi, de formación economista, ha trabajado, tanto en Colombia como en organismos internacionales, en temas relacionados con el narcotráfico.
     Hacia finales de los años setenta, la importancia de las drogas ilegales en las sociedades andinas ya era evidente para algunos periodistas y académicos. Sin embargo, tomó cerca de una década para que la academia y las agencias multilaterales y bilaterales reconocieran que para entender el desarrollo económico y social de dichas sociedades era necesario incluir las drogas ilegales en sus análisis.
     Mi interés, dice el autor, en el tema surgió a mediados de los años ochenta, cuando al estudiar la economía colombiana encontré una paradoja notable. Por un lado, Colombia había sido el único país de Latinoamérica y el Caribe que había evitado la crisis de la deuda externa de principios de la década y, asimismo, era el único que desde la posguerra no había tenido un solo año en el que el PIB hubiera disminuido. En efecto, su desempeño económico había sido notoriamente estable y todos los indicadores de desarrollo económico y social en uso en la época -como tasas de alfabetismo y niveles de educación, expectativa de vida, medidas de desigualdad en la distribución del ingreso, empleo, participación femenina en la fuerza laboral, niveles de nutrición, vivienda y cobertura de servicios públicos (electricidad, acueducto y alcantarillado)- habían mejorado sustancialmente. El único indicador negativo había sido el aumento en las muertes violentas, aspecto que no figuraba entre los indicadores usados comúnmente. Por otro lado, cada vez que visitaba el
país sentía que la calidad de vida se estaba deteriorando y que algo importante y socialmente desestabilizador se escondía detrás de las excelentes cifras sobre el comportamiento de su desarrollo.
     El autor señala que el presente estudio cubre un período que realmente termina en 1998, y añade que espera que la mayor contribución de este trabajo sea aportar a comprender la estructura de la producción, tráfico y consumo de las drogas ilegales y de las políticas gubernamentales hacia ellas, no la descripción de eventos específicos. En otras palabras, espero que este libro contribuya a entender más la problemática de largo que la de corto plazo relacionada con las drogas ilegales.
Un cordial saludo
 
Javier​ Martín​