Cada año son incontables los menores inmigrantes que acceden a España a través de la frontera con Melilla. Niños que a su corta edad se dedican a vivir en las calles de la ciudad, subsistir de robos y consumidores de todo tipo de sustancias.

Merece una mención especial este tipo de colectivo que cada vez acceden con más frecuencia a las diferentes ciudades a través de todo tipo de vías: introduciéndose en un ferry, aferrándose a los bajos de un camión, adentrándose en pateras…

Niños que no tienen interiorizado ningún tipo de valor, que desconocen la importancia de respetar y ser respetado, víctimas de abusos en incontables ocasiones, ignorantes de las consecuencias de sus propios actos…

Cada vez derivan más a nuestra residencia este tipo de colectivo, los cuales desconocen todo tipo de hábitos de higiene, comedor…

El equipo intenta ayudarlos, dándole el cariño y el amor que les ha faltado durante el resto de su infancia, protegiéndolos e inculcándole este tipo de valores que desconocen en su totalidad. Pero también marcándole unos límites y pautas a los que no están acostumbrados por lo que la mayoría de ellos se muestran bastante reticentes al inicio de su proceso.

Es admirable, cuando transcurre un tiempo y se adaptan a ti, al acceder por esa puerta cuando comienza nuestra jornada laboral, estén esperándote con esa sonrisa en el rostro que tan adentro del corazón nos llega.

Todo esfuerzo tiene su recompensa y nos hace ver como esos días caracterizados por tantas dificultades sirven para mejorar tanto la vida de ellos como la vida de nosotros mismos, ya que estos chicos no son los únicos que aprenden, crecen y se enriquecen como personas.

En definitiva, en representación de este equipo nos enorgullece nuestro trabajo y dedicación, ese que te llena de vida y te da fuerzas para seguir adelante con tan solo un comentario de “maestro, te quiero”.

Víctor Morales